Podóloga en Algete, Cobeña, Daganzo y alrededores

LA PODOLOGÍA QUE SE ADAPTA A TU FAMILIA. NO AL REVÉS.

Soy Tamara Chacón, podóloga colegiada.
Desde hace años trato a personas mayores, dependientes y con movilidad reducida en su propio hogar. Voy donde me necesitan, con el mismo rigor que en una clínica, pero con algo que allí casi nunca existe: tiempo, calma y cercanía.

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Años de experiencia
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Clientes que mejoran
Pies felices

Porque cuidar los pies no es un lujo.

Es cuidar la salud, la autonomía y la tranquilidad de quien más quieres.

Es evitar que una simple molestia acabe convirtiéndose en una herida, una infección o en una pérdida de movilidad.

He visto demasiadas veces lo mismo: familias que intentan organizarse para llevar a su madre o a su padre al podólogo, que reprograman citas, que se sienten culpables por no llegar a todo… y al final, el tratamiento se pospone.

No por falta de cariño, sino por pura logística. Y cuando por fin llega el día, ya hay dolor, hay grietas o hay heridas.

Ahí es cuando todo se complica. Por eso mi servicio existe: para que puedas cuidar sin tener que correr.

Para que el tratamiento llegue a casa, y la salud de tus familiares no dependa de que tú tengas una mañana libre.

Cuidar de tus familiares no debería ser una carrera de obstáculos

Si alguna vez has intentado llevarles al podólogo, sabes perfectamente lo que supone: ayudarles a vestirse, a calzarse, conseguir un taxi o meterles en el coche, subir y bajar escaleras, esperar en la consulta, volver agotados los dos.

Y muchas veces, ni siquiera puedes acompañarles, aunque quieras. No es falta de interés. Es que el día no tiene más horas.

Y mientras tanto, sus pies siguen igual o peor. Con el tiempo, los pies envejecen igual que el resto del cuerpo: la piel se seca, las uñas se engrosan, la sensibilidad disminuye, la circulación se enlentece y el equilibrio se altera. Todo eso no se nota de un día para otro, pero cuando llega, afecta directamente a su calidad de vida.

Caminar duele, el calzado molesta, empiezan a evitar moverse y, poco a poco, pierden independencia.

Esa es la verdadera consecuencia de no cuidar los pies: dejan de salir, de caminar y de sentirse válidos.

Mi trabajo consiste en evitar eso. En hacer que cada paso siga siendo posible, cómodo y seguro, sin que tengan que salir de casa.

Por qué la podología a domicilio cambia las cosas

Llevo personalmente todo el equipo para un tratamiento sanitario completo y profesional: instrumental estéril y material desechable. Solo necesito que me facilites un espacio cómodo y que disponga de una buena iluminación en tu hogar.

No realizo “arreglos rápidos”, sino tratamientos sanitarios reales y completos. Evalúo de forma integral la piel, las uñas, la pisada, la circulación y la sensibilidad para tratar lo visible y, más importante, detectar afecciones antes de que duelan.

Los pies a menudo avisan de problemas antes que el resto del cuerpo. Por eso, cada visita es distinta y se adapta a ti, ya sea para un mantenimiento preventivo y necesario o para curas y revisiones que requieran mayor frecuencia.

Mi servicio a domicilio es ideal para quienes caminan con dificultad, están en cama o prefieren evitar traslados. No es solo para mayores, es para toda persona que quiera cuidar sus pies y su salud de una forma simple y cómoda.

No corto uñas. Aporto salud.

Muchas personas piensan que ir al podólogo es “cortarse las uñas”. Pero no lo es. La podología es una profesión sanitaria que trata, previene y diagnostica problemas que, si se dejan pasar, pueden complicarse mucho.

Una dureza mal tratada, una uña encarnada o una pequeña grieta pueden parecer insignificantes, pero en una persona con diabetes, problemas circulatorios o poca movilidad, puede suponer una puerta abierta a infecciones graves.

He visto casos en los que una herida mínima termina en semanas de curas, antibióticos o incluso hospitalización. Y todo por no haber recibido atención a tiempo.

Por eso insisto tanto en que la prevención es la mejor inversión. No solo se trata de que el pie esté bien hoy, sino de que siga bien mañana.

Trabajo con instrumental esterilizado en autoclave, material desechable y todas las medidas higiénico-sanitarias que exige una consulta sanitaria. Y además, trabajo con calma. Sin reloj, sin presión y sin esa sensación de “rápido, que hay otro paciente esperando”.

Porque cada persona merece el tiempo que su salud necesite.

Más que tratamiento, tranquilidad

Mi trabajo no consiste solo en aliviar el dolor, sino en devolver la confianza al caminar. En que tus padres vuelvan a moverse sin miedo a tropezar, a caerse o a hacerse daño. En que puedan ponerse sus zapatos sin molestias.

En que se sientan cuidados, escuchados y respetados. Y también en que tú puedas estar tranquila sabiendo que están bien atendidos, sin tener que interrumpir tu rutina ni depender de terceros.

La salud del pie influye en todo: en la postura, en la forma de caminar, en el ánimo y en la independencia. Cuando un pie duele, la persona se mueve menos, y cuando se mueve menos, pierde fuerza, equilibrio y seguridad. Pero cuando el pie se cuida, todo mejora.

Por eso, cuando una familia me dice “desde que vienes, mi madre camina mejor”, entiendo que no solo he tratado un pie. He mejorado una vida.

Acudo a domicilio, donde me necesiten

Realizo tratamientos de podología a domicilio en Cobeña, Daganzo, Algete y alrededores.

También colaboro con familias que viven fuera de la zona y tienen aquí a sus padres, manteniéndoles informados después de cada visita.

Trabajo de forma profesional, discreta y segura. Solo necesito un espacio cómodo, buena luz y la confianza de saber que estás dejando a tu familiar en manos de una profesional sanitaria.

Puedes escribirme directamente por WhatsApp o llamarme, para contarme el caso. Te diré con claridad si puedo ayudaros y cómo lo haré.

Preguntas Frecuentes

Porque, aunque parezca lo mismo, no lo es.

Llevarle a una clínica implica esfuerzo, desplazamiento, espera y desgaste.

Y muchas veces, ese esfuerzo hace que se retrase o se evite el tratamiento.

Yo realizo exactamente el mismo trabajo que en clínica, con el mismo material y los mismos protocolos, pero sin que tenga que moverse de casa.

El resultado es el mismo en salud, pero mucho mejor en calidad de vida.

El dolor no es el primer aviso, es el último.

Las personas mayores o con problemas de circulación pueden tener lesiones sin sentirlas.

Cuando duele, normalmente ya hay herida, inflamación o infección.

Mi trabajo es detectar lo que aún no se nota, antes de que se complique.

Parece sencillo, pero no lo es.

Las uñas envejecen igual que el resto del cuerpo: se engrosan, se curvan y se vuelven frágiles.

Un corte más de la cuenta puede provocar una herida que tarde semanas en cerrar.

Yo corto, limo, trato y reviso la piel con precisión sanitaria.

No es un corte, es un tratamiento completo.

Porque una pedicura no es un acto sanitario.

No diagnostica, no previene, no puede tratar heridas ni alteraciones cutáneas.

Y, sobre todo, no esteriliza en autoclave ni cumple protocolos clínicos.

Una podóloga sí.

La diferencia no es estética, es sanitaria.

Esperar no soluciona nada, solo agrava los problemas.

Una dureza hoy puede ser una herida mañana.

Y cuando hay dolor, ya no hablamos de prevención, sino de tratamiento.

Cada revisión a tiempo evita complicaciones futuras.

Trabajo con muchas personas mayores, dependientes o con deterioro cognitivo.

Sé cómo actuar, cómo hablarles y cómo ganarme su confianza.

No fuerzo.

Trabajo con respeto, paciencia y empatía, adaptándome a su ritmo.

Y cuando se sienten seguros, colaboran.

Precisamente esos son los casos más importantes.

El pie inmóvil también sufre: la piel se agrieta, la circulación se ralentiza y el riesgo de heridas aumenta.

El tratamiento no solo es necesario, es esencial para prevenir úlceras y mantener la integridad cutánea.

Porque el pie es una vía directa de entrada de bacterias.

Un instrumental “limpio” no basta: debe estar limpio, desinfectado y esterilizado en autoclave y manipulado bajo protocolo sanitario.

Yo trabajo con el mismo nivel de seguridad que en una clínica.

Cada visita es segura, higiénica y controlada.

Depende del tipo.

Si es leve, la trato y hago seguimiento.

Si hay infección profunda, derivo de inmediato y te explico los pasos.

Nunca tapo el problema: lo enfrento con criterio sanitario y comunicación clara contigo.

Lo entiendo, pero hay algo importante: la podología no está incluida en la sanidad pública.

No hay revisiones ni tratamientos preventivos en los centros de salud.

No contratar una podóloga no ahorra dinero, aplaza el problema.

Y cuando llega, es más caro y más doloroso.

Podemos adaptar la frecuencia, en función a su estado.

No todos los pies necesitan el mismo ritmo de tratamiento.

Lo importante es no abandonarlo, lo importante es tener un tratamiento periódico, porque cuando el cuidado se interrumpe, los problemas vuelven.

Porque soy podóloga colegiada, con formación sanitaria, experiencia y vocación.

Porque trabajo con rigor, empatía y humanidad.

Porque trato a cada persona como si fuera parte de mi familia.

Y porque me tomo mi trabajo muy en serio: diagnostico, trato, prevengo y acompaño.

Ganas salud, comodidad y tranquilidad.

Tu familiar recibe atención profesional sin desplazarse, tú ganas tiempo y descanso mental, y todos ganáis seguridad.

Porque cuando los pies están bien, todo lo demás funciona mejor.

Cuidar de sus pies es cuidar de su independencia.
Prevenir, aliviar y acompañar.
Eso es lo que hago cada día.

Tamara Chacón

Yo le trato, para que tú, como familiar, puedas estar tranquilo.

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